Cuando la pupila se dilata sin motivos

05 de Enero del 2015 | 2393 lecturas


El síndrome de Adie aparece de forma repentina y los afectados suelen ver de forma borrosa.

Se trata de una patología extraña que afecta a un bajísimo porcentaje de la población, pero como enfermedad que es, las personas que la padecen se preguntan una y otra vez en qué consiste exactamente y por qué les apareció de un día para otro. "El síndrome de Adie surge repentinamente y el signo más evidente es el agrandamiento de la pupila de forma regular", asegura a BIEN Pío Jesús García, oftalmólogo de la Clínica Baviera de Vitoria. En principio, las personas con este síndrome no tienen por qué tener menor agudeza visual, "aunque sí pueden ver los objetos más borrosos debido a que, al estar la pupila dilatada, los rayos de luz no penetran al ojo tan perpendiculares y eso produce más distorsiones en la imagen", explica García. Así, lo que les sucede a estos pacientes es que ante un estímulo luminoso, el reflejo normal de cierre de su pupila está ausente o es lento, y "cuando ponen algo cerca de su pupila, a ésta le cuesta cerrarse", afirma.

Pero, ¿por qué le ocurre esto al ojo? Según este experto, se debe a una lesión neuronal postganglionar del esfínter pupilar (músculo que abre y cierra el iris) y el músculo ciliar (el encargado de movilizar el cristalino en los movimientos de acomodación mediante la dilatación o contracción del mismo). Entre sus causas más frecuentes está "haber padecido un episodio anterior de enfermedad viral, una infección por herpes zóster, diabetes, traumatismo o neuropatías, aunque también puede ser de origen desconocido", señala García, quien apunta que este síndrome afecta más a mujeres jóvenes. Asimismo, en el 80 por ciento de los casos sólo afecta a uno de los dos ojos.

Sin tratamiento

Por otra parte, este experto confiesa que no es posible su prevención, puesto que aparece tras una enfermedad viral. Además, al ser una manifestación de una lesión nerviosa, tampoco tiene tratamiento.

No obstante, si son pacientes que trabajan muchas horas frente al ordenador, aunque noten algo más de cansancio o tengan dificultad a la hora de mirar cera y lejos (que les cueste enfocar), "no tienen por qué prestar un cuidado especial", explica García. Con respecto a la luz del sol, "estarán más cómodos con gafas, ya que éste les molestará más por tener la pupila dilatada", manifiesta.

Por último, muchos pacientes se preguntan si podrán volver a recuperar su estado normal. "Después de mucho tiempo, la pupila puede hacerse pequeña, lo que se llama 'pequeño antiguo Adie'", concluye.

El oftalmólogo, responsable del diagnóstico

Para saber si el paciente sufre síndrome de Adie, el oftalmólogo debe descartar estas dos patologías:

Pupilas de Argyll Robertson. Se presenta como una pupila pequeña e irregular que reacciona muy poco al estímulo luminoso, pero de forma correcta ante la fijación de un objeto cercano (acomodación). Afecta inicialmente a un ojo, aunque suele afectar después al otro. No afecta a la agudeza visual y el tratamiento es el de la neurosífilis.

Síndrome de Parinaud. Es una afección bilateral de las pupilas, las cuales se encuentran ligeramente dilatadas, no reaccionan a la luz, pero sí reaccionan ante la fijación de un objeto visto de cerca. Su principal causa son tumores cerebrales o alteraciones del cerebro medio, por lo que ante este signo debe realizarse una resonancia magnética cerebral.

Fuente: http://www.estarbien.com

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