Proteger la piel de las agresiones del frío

10 de Enero del 2019 | 113 lecturas


La piel es uno de los órganos que más se ve afectado por el frío. Se expone a los rigores del invierno, con algunas zonas especialmente sensibles como mejillas, labios, cuello, escote y manos. En la farmacia encontramos consejos y los mejores productos para su cuidado.

En esta temporada del año la piel demanda un gran cuidado y protección, y es la época de reparar los excesos del sol y del verano. El invierno también es el mejor momento para realizar tratamientos despigmentantes faciales intensivos, tanto domiciliarios como en la consulta médica (peelings químicos o mascarillas). La piel está expuesta a un número elevado de agresiones, sobre todo las ambientales, que por su carácter superficial son más habituales. La hidratación y la higiene, tanto facial como corporal, son importantes en todas las estaciones, pero en invierno debe ser especialmente vigilada, combatiendo la deshidratación causada por el frío, la humedad, el viento, los cambios de temperatura…

Por lo que se refiere a la hidratante facial, deberá llevarse siempre factor de protección. La hidratación del cuerpo, como siempre, debe ser más intensa en la zona de piernas y pies, y sin olvidar los talones muy proclives a la sequedad. Las manos y los labios son zonas especialmente sensibles al frío, por ser las partes del cuerpo más expuestas a factores medioambientales. La sequedad producida por el frío en las manos requiere ser combatida con una buena hidratación. Los labios deben ser también bien hidratados, y evitar humedecerlos con la lengua.

Piel sensible

El frío puede ejercer una agresión directa sobre la piel sana y desencadenar o empeorar algunas enfermedades dermatológicas o afecciones de la piel, sobre todo en las pieles sensibles. Vamos a hablar en estas páginas de algunas de las más comunes:

•Cuperosis. Es un estado de la piel que se caracteriza por un enrojecimiento persistente del rostro. Está relacionada con problemas de microcirculación en los vasos sanguíneos de la piel facial, y se manifiesta con la presencia de telangiectasias (venitas visibles) en pómulos y aletas de la nariz. La cuperosis afecta sobre todo a personas con la piel sensible y con rosácea, y puede desencadenarse por el frío y los cambios bruscos de temperatura (por ejemplo, al entrar en un ambiente caldeado por la calefacción).

•Rosácea. Es una afección de la piel que causa enrojecimiento y la aparición de pápulas y pústulas. La cuperosis suele estar presente en los pacientes con rosácea. Las personas con rosácea se ruborizan fácilmente y tienen unos capilares muy sensibles al calor, por lo que deben evitar, en la medida de lo posible, los cambios bruscos de temperatura. También los climas fríos pueden actuar como desencadenante. La rosácea puede tratarse con los cuidados dermatológicos adecuados y con tratamientos dermoestéticos.

•Dermatitis atópica. Los adultos o niños con dermatitis atópica deben extremar el cuidado de la piel durante los meses de otoño e invierno. En esta época, hay más posibilidades de que se produzcan eccemas o brotes de dermatitis atópica como consecuencia de la sequedad causada por el frío, el viento y también la calefacción. Por este motivo, es muy importante que las personas con piel atópica tengan especial cuidado con la higiene (con baños cortos, jabones suaves y agua templada) e intensifiquen la hidratación estos meses de frío usando a diario y tantas veces como sea necesario, cremas emolientes en toda la piel.

•Sabañones. Son pequeñas inflamaciones que se producen en la piel como consecuencia del frío excesivo y que aparecen, sobre todo, en manos, pies y orejas. Suelen causar, además, enrojecimiento, dolor y picor. Es importante acudir al dermatólogo ante la aparición de las primeras lesiones porque, con el frío, puedan ir solapándose unos brotes con otros y corren el riesgo de infectarse.

Piel seca y descamación. Las partes más expuestas al frío, como son la cara y las manos, son las que más sufren las bajas temperaturas. En concreto, los labios, que tienen tendencia a deshidratarse y en consecuencia, se secan y cortan con facilidad. Por esta razón, en invierno es conveniente aplicar un hidratante labial con filtro solar.

Hay otras afecciones de la piel que, como mejoran en verano con el aumento de la exposición solar, en invierno suelen empeorar en muchos pacientes al estar menos expuestos al sol. Es el caso de la dermatitis seborreica y la psoriasis.

Investigación

Un reciente estudio publicado en el mes de marzo en el British Journal of Dermatology ha tratado de explicar por qué tantas personas experimentan sequedad en la piel, eccemas o agravamiento de la dermatitis durante la estación invernal, incrementando el riesgo debido a la temperatura y la humedad.

Aunque el cambio climático y los picos de contaminación están de sobra documentados, el estudio ofrece una nueva perspectiva a nivel celular. Después de investigar la piel de las mejillas y de las manos de 80 adultos sanos de entre 18 y 70 años tanto en verano como en invierno, los investigadores descubrieron diferentes niveles de filagrina, una proteína que ayuda a mantener la barrera epidérmica, durante los meses de invierno. También registraron cambios en la textura de las células de la capa más externa de la piel.

Este estudio muestra claramente que la barrera de la piel se ve afectada por cambios climáticos y estacionales. En invierno, tanto los niños como los adultos experimentan rojez en la cara (en la latitud norte) y algunos incluso desarrollan afecciones cutáneas crónicas, como eccema atópico y rosácea. Las células de la piel sufren una contracción y, por tanto, cambian su superficie. El mensaje clínico a los individuos es que deberían proteger su piel con hidratantes en invierno y con protector solar en verano. El estudio ahonda en los motivos de estos cambios estacionales en la piel, dado que los problemas cutáneos constituyen el motivo más habitual por el que la gente va al médico. Para brazos y piernas secas, lo mejor es apostar por una loción libre de fragancias, buscando ingredientes como ceramidas, ácido hialurónico, avena coloidal y manteca de karité. No obstante, lo más importante no es la crema, sino el jabón. Se recomienda optar por un gel suave libre. Para las manos, una buena crema que no requiera repetir las aplicaciones. Y para la cara, se sugiere una crema con ceramidas, además de un protector solar. En caso de tener eccemas (un grupo de afecciones cutáneas que provocan inflamación), es aconsejable consultarlo directamente con el dermatólogo.

Fuente: http://www.imfarmacias.es

Periódico


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