Hipertensión arterial

08 de Mayo de 2012


Hipertensión arterialLa hipertensión arterial (HTA) no se cura, pero se puede controlar. Afecta al 35% de la población española, lo que en cifras se traduce en más de 10 millones de personas. El control de la presión arterial significa un compromiso de por vida de cambiar la dieta y el estilo de vida. Y la medicación puede ser necesaria para ayudar a bajar la presión a niveles normales.
El límite normal y saludable de la presión arterial se sitúa por debajo de 120 mm Hg para la presión arterial sistólica (PAS) y por debajo de 80 mm Hg para la presión arterial diastólica (PAD). Las personas que tengan la presión arterial alta (con niveles superiores a estos valores) deben consultar con su médico, por si fuera necesario iniciar una dieta y un programa adecuado de ejercicio físico, o incluso también un tratamiento farmacológico.

Se considera que una persona padece HTA cuando presenta una PAS de 140 mm Hg (o mayor) y/o una PAD de 90 mm Hg (o mayor). Por lo tanto, generalmente los tratamientos farmacológicos (es decir, con medicamentos) se inician en los pacientes que presentan estos valores de presión arterial, si sólo con los cambios en la dieta y el estilo de vida (dejar de fumar, dieta baja en sal, etc.) no se ha conseguido bajar esos niveles. No obstante, también se consideran las situaciones clínicas de cada paciente individualmente, pudiendo empezar el tratamiento con presiones arteriales altas (antes de alcanzar los niveles de hipertensión), en determinados pacientes (como los que padecen diabetes o alguna enfermedad cardiovascular o renal).

CONSEJOS AL PACIENTE CON HIPERTENSIÓN ARTERIAL
• Acepte que es hipertenso y que tiene que cuidarse. La hipertensión arterial o presión arterial alta es un trastorno muy frecuente que afecta a una de cada cuatro personas. No se cura, pero se puede regular. Cuídese, porque es una condición que no siempre da síntomas, pero que puede causar enfermedades muy serias si se deja sin controlar.
• Mídase siempre la presión a la misma hora. Es normal que varíe hasta 10 y 20 unidades si se mide en diferentes momentos del día, incluso en cuestión de minutos. Por ejemplo, el estrés emocional y la actividad pueden hacer variar la presión arterial.
• Coma menos sal. Su cuerpo sólo necesita 3 gramos de sal al día (también se llama cloruro sódico). Muchos alimentos enlatados, por ejemplo, contienen altas cantidades de sal. Se puede acostumbrar sin problema el paladar a cocinar con poca sal o sin ella.
Sólo la reducción de la ingesta de 9,8 gramos a 5 gramos de sal por persona al día evitaría cada año 20 000 accidentes cardiovasculares y 30 000 eventos cardíacos, según datos proporcionados por el Ministerio de Sanidad.
• Pierda peso. El peso excesivo puede elevar los niveles de colesterol, causar hipertensión y aumentar el riesgo de infarto. Una dieta baja en calorías (1200 cal), con pocas grasas, puede producir una disminución de 10 unidades de presión por cada 10 kg de disminución de peso.
• Coma menos grasas. No sólo le ayudará a perder peso y a mantener su presión arterial normal, sino que le ayudará a prevenir los infartos en el corazón y las embolias no relacionados con la hipertensión.
• Haga ejercicio. El ejercicio aeróbico como andar, ir en bicicleta o nadar, ayuda a reducir la presión arterial y a bajar peso. También mejora el funcionamiento del corazón y previene el infarto. Levantar pesas no es un ejercicio aeróbico y puede incluso aumentar la presión arterial. Consulte a su médico antes de iniciar un programa de ejercicios.
• Visite regularmente a su médico. La hipertensión es una enfermedad crónica y el médico debe controlar su evolución y si la medicación es eficaz.
Un valor normal y saludable de presión sistólica será menor de 120 mm Hg y de presión diastólica de 80 mm Hg o menor.
• Tome correctamente su medicación. Para bajar la presión a niveles normales pueden ser necesarios uno, dos o hasta tres medicamentos diferentes. Si le producen algún efecto secundario, consulte a su médico. Él/ella puede cambiarla o ajustar la dosis, pero nunca deje de tomar su medicación sin consultar. Seguir rigurosamente las instrucciones médicas puede llegar a reducir en un 30% las complicaciones en el riñón, el corazón y las embolias asociadas a la enfermedad.
• Tabaco. Las personas que dejan de fumar viven más años que las que siguen fumando, y con mejor calidad de vida. Después de 10 ó 15 años de dejar el tabaco, el riesgo de muerte de un exfumador se aproxima al de una persona que no ha fumado nunca. Casi inmediatamente, la circulación de la sangre empieza a mejorar y el nivel de monóxido de carbono en la sangre comienza a descender (el monóxido de carbono es un gas que se encuentra en el humo del cigarrillo que reduce la capacidad de la sangre de transportar el oxígeno). El pulso y la presión arterial, que están altos en el fumador, empiezan a normalizarse.
Fumar también aumenta la presión arterial, lo cual a su vez aumenta el riesgo de un ataque cerebral en personas que sufren de hipertensión. Aunque la nicotina es el agente activo principal, otros compuestos y sustancias químicas del tabaco como el alquitrán y el monóxido de carbono contribuyen a la acumulación de grasa en las arterias y, por tanto, a la hipertensión.


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